El doctor Pere Ginés, reconocido hepatólogo, advierte que las enfermedades hepáticas evolucionan de manera muy lenta en sus etapas iniciales. Según sus observaciones clínicas, el proceso puede extenderse entre 25 y 30 años antes de que se manifiesten síntomas visibles o complicaciones serias.

Esta característica de progresión silenciosa representa uno de los principales desafíos en el diagnóstico y tratamiento de las patologías del hígado. Durante décadas, los pacientes pueden desarrollar fibrosis o cirrosis sin presentar señales evidentes de alarma, lo que complica la detección precoz de la enfermedad.

Ginés subraya que el conocimiento sobre estos tiempos de evolución resulta fundamental para implementar estrategias de screening y seguimiento médico en poblaciones de riesgo. El diagnóstico temprano permite intervenir antes de que la enfermedad alcance estadios avanzados donde las opciones terapéuticas se ven limitadas.